miércoles, 20 de septiembre de 2017

Intraemprendimiento en la Administración

    Intraemprendimiento. Con este rimbombante nombre se define el emprendimiento y la innovación dentro de las organizaciones, como un paso más en la faceta emprendedora de ciertas personas para llevar a cabo proyectos.
   La Administración Pública, como organización, no es una excepción a la posibilidad de utilizar esta poderosa herramienta para mejorar sus sistemas y procedimientos, que a la postre la llevan a ser mejor, más flexible y rápida. El talento al que se refiere el TREBEP y que se trata de fomentar -si bien realmente de manera un tanto tímida- puede y debe pasar por fomentar el intraemprendimiento dentro de las Administraciones.
   
   El intraemprendimiento es una aptitud y una actitud de ciertos empleados para aportar ideas, buscar la mejora continua y lograr que sus organizaciones crezcan. Se trata de un concepto que debe aprenderse en el sector público y que ha de ser fomentado por la propia Administración.  Desde este punto de vista es una herramienta de carácter dual, que necesita del talento y la capacidad innovadora de las personas a la vez que del apoyo y reconocimiento de la organización.

   Por eso es tan importante que tanto cargos públicos como responsables de recursos humanos y directivos sean los primeros en conocer y valorar el talento y la capacidad de su personal, realicen prospección del mismo y creen programas que impulsen la innovación pública, un concepto tan mencionado últimamente pero a la vez tan poco aplicado que se hace necesario incluso emprender en intraemprendimiento.


martes, 12 de septiembre de 2017

La buena Administración como fundamento de actuación del empleado público

  La Administración Pública no siempre se ha guiado por modelos de actuación acordes con sus objetivos y obligaciones a la hora de ofrecer resultados satisfactorios a los ciudadanos, dando lugar a lo que se ha venido en llamar una mala Administración. Para contrarrestar sus defectos apareció el derecho-principio de buena Administración como marco de actuación de aquella, pero sobre todo de los empleados públicos, verdaderos artífices de la Administración que reclama la sociedad.

 Partiendo de una aproximación a tal concepto, en el número 108 de la Revista Vasca de Administración Pública (Mayo-Agosto de 2017) analizamos la relación existente entre dicho principio y la actuación del empleado público para el logro de una Administración de calidad, abordando en particular su conexión con la conducta profesional y con la evaluación del desempeño, herramienta esencial, por otra parte, por la información que ofrece a la hora de comprobar el grado de cumplimiento de esa buena Administración.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Cómo debe ser el líder que dirija el cambio en la Administración

  En ninguna organización las cosas avanzan por sí solas; siempre se necesita a alguien que se ponga al frente del cambio y de la innovación, y que sepa responder a los desafíos que surgen a diario si aquella no quiere perder el tren de su tiempo. Tras esta reflexión un tanto poética, permitanme centrarme en lo que esto implica para las Administraciones Públicas. Precisamente por su papel en nuestra sociedad y por la necesidad de que den respuesta rápida, eficaz y eficiente a sus demandas no pueden sustraerse a esa premisa y por tal motivo se necesitan también dentro de ellas personas que lideren, que dirijan el cambio, que sean todo aquello que se pretende que logre la propia Administración: proactivas, innovadoras, responsables, integradoras...

     
   Pero no basta con encontrar a alguien que dirija; no se trata de ir a la simple y cotidiana solución de buscar a un jefe de departamento u otro responsable público con la autoridad suficiente para decir cómo han de hacerse las cosas. Ese es un gran error al que nos enfrentamos en nuestras organizaciones; la idea de simplificar y no tomarnos en serio la necesidad de afrontar los mencionados desafíos en eso a lo que nos empeñamos en llamar la Administración del futuro.
    Se requieren personas con unas cualidades muy específicas pues el reto no es sencillo. Llámense directivos públicos, innovadores, coachers, etc., deben contar con unas competencias profesionales específicas acordes con las exigencias de la difícil misión que se les va a encomendar en no pocas ocasiones. Y esta selección también es responsabilidad de altos cargos y políticos, que deben tener a su vez la capacidad para entender la importancia, la necesidad y diría también que hasta la premura por ponerse en marcha.

    Sobre las cualidades del líder se ha escrito mucho y aún se debate; no olvidemos que el EBEP lo encuadra en la figura del Directivo Público, que aún no está bien definida. Aquí solo quiero citar algunos de los requisitos más importantes, para lo que me ha parecido muy esclarecedora y sintética la entrada escrita por Cristina Ralo en la web "El coffee break" partiendo del artículo de John F. Kotter en Hadvard Bussiness Review de diciembre de 2011 titulado "Liderando el cambio: Por qué fallan los esfuerzos de transformación", y reproducido en el Club del innovador el 29 de agosto pasado.

    “La persona al frente del proceso de cambio tiene que ser capaz de comunicar y transmitir la necesidad de cambio. Deberá compartir su visión. Pero no basta solo con comunicar, además hay que motivar. La motivación nos lleva al propósito, a querer alcanzar los objetivos. En este caso, mantener al equipo motivado ayudará notablemente al proceso de cambio. Además, si los agentes del cambio también están motivados, unificados y tienen esa visión compartida, será mucho más fácil que el resto de la organización también la interiorice.
    No hay que perder de vista a los líderes no oficiales, es decir, a esos empleados que por su experiencia, credibilidad y reputación se convierten en puntos de referencia para el resto de sus compañeros. Será necesario identificar a estos individuos como ‘agentes no oficiales del cambio’. Cuando un empleado esté asustado, sienta incertidumbre o confusión es probable que acuda a estas personas de referencia. En este sentido, habrá que movilizar y delegar en personas que actúen y hagan cosas alineadas por el cambio.
    La comunicación podría ser el principal ingrediente para una buena gestión del cambio. Comunica todo, informa sobre todo, no dejes cabos sueltos. Cuanta más información, mejor.
    En definitiva, el líder del cambio ha de ser buen comunicador, ha de reclutar al mejor equipo que se encargue de promover y motivar el cambio, ha de ser transparente y, repito, buen comunicador. Tendrá que tener además, visión estratégica, estructural e integral.

Más ingredientes para la gestión del cambio en la administración pública

§   Crea necesidad de cambio.
§   Toda la organización ha de estar informada acerca de los beneficios del cambio y los inconvenientes de no llevarlo a cabo.
§   Cuida el momento y la profundidad de tus palabras. Diferencia todas las áreas de la organización, sobre todo, las que más sufrirán el cambio.
§   Si el cambio va a afectar a individuos concreto, han de saberlo.
§   No es lo mismo una mala noticia que la incertidumbre. Lo segundo es mucho peor.
§   Actúa con determinación ante las resistencias al cambio. Trata de que no ‘contaminen’ al resto.
§   Promociona, forma y desarrolla a las personas que comparten la visión futura de la organización”.

En definitiva, necesitamos líderes bien formados y con cualidades específicas, y no siempre hace falta acudir al mercado externo a las organizaciones, pues con algo de inteligencia las Administraciones pueden encontrarlos dentro de sus propias filas. Existe mucho talento que queda escondido tras la burocracia, una gestión deficiente de personas  y la incapacidad de ver las competencias profesionales y personales de sus miembros. Se debería utilizar una especie de minería de datos relativa a que aquellas conozcan, valoren y exploten ese talento humano. Conociendo las cualidades que se requieren en un líder es sólo cuestión de conocer las del capital humano de la propia Administración y buscar dentro antes de acudir ahí fuera. Digo yo.

viernes, 14 de julio de 2017

¿Es mejor disparar o dejarse matar? El dilema de la policía

  Con este mismo título el diario El Mundo publica un reportaje con entrevistas a distintos miembros de las Fuerzas de Seguridad, en el que se pone de manifiesto el gran dilema moral y legal al que se enfrentan a la hora de cumplir sus funciones cuando se enfrentan, en particular, a criminales armados (a los malos, en su argot). Recomiendo encarecidamente su lectura porque refleja las dificultades con las que deben lidiar día a día para mantener las calles limpias de delincuentes.

    El punto de partida del reportaje es el concepto de proporcionalidad en el uso de la fuerza, pues frente al arma de fuego de los agentes muchos delincuentes, que se saben todas las  argucias legales, utilizan cuchillos, machetes, palos, cristales, vehículos, etc. para atacarles. La cuestión que se plantea, por tanto, es definir claramente hasta qué punto pueden los Policías y Guardias Civiles utilizar sus armas de fuego cuando el criminal utiliza un arma no de fuego pero también potencialmente peligrosa. El criterio general que les enseñan en las Academias es no utilizar el arma por los problemas que les puede acarrear penal y administrativa, o incluso a efectos de ascensos. Pero al mismo tiempo, en una situación de amenaza, ellos mismos pueden resultar heridos, mutilados o  peor aún, muertos.

   
Ha de partirse del texto del artículo 20.4 del Código Penal, sobre la exención de responsabilidad penal en el uso de la fuerza: 

"El que obre en defensa de la persona o derechos propios o ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes:
Primero. Agresión ilegítima. En caso de defensa de los bienes se reputará agresión ilegítima el ataque a los mismos que constituya delito y los ponga en grave peligro de deterioro o pérdida inminentes. En caso de defensa de la morada o sus dependencias, se reputará agresión ilegítima la entrada indebida en aquélla o éstas.
Segundo. Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.
Tercero. Falta de provocación suficiente por parte del defensor"

El apartado segundo constituye el núcleo de la cuestión al tratarse de un concepto jurídico indeterminado que ha requerido de interpretación doctrinal y jurisprudencial para entender el alcance de la proporcionalidad en el uso de un arma de fuego.
Lamentablemente, a mi parecer, y con un criterio que ha valorado más el garantismo del delincuente que la seguridad del ciudadano, se ha ido restringiendo el concepto hasta el punto de que los propios agentes reciben instrucciones desde su formación y por parte de sus superiores para que no saquen el arma casi en ninguna circunstancia. Esto nos lleva al grave problema de seguridad que estamos sufriendo, pues los criminales lo saben y han perdido el miedo a la policía, se les enfrentan, les amenazan impunemente, e incluso les atacan sin pudor.
La situación es muy grave, pues nuestra policía no puede defendernos, no tiene el amparo legal (entendido en términos amplios) para realizar su labor con seguridad. Quien debe protegernos no está protegido por la propia Justicia. No es de extrañar que los ciudadanos tengan la idea generalizada de que la Ley ampara a los delincuentes (y no me refiero solamente al hecho de que estos entren por una puerta y salgan por otra).
En una sociedad cada vez más violenta, donde las bandas y organizaciones criminales se han globalizado y son cada vez más peligrosas, el Estado de Derecho no puede permitirse el lujo de restringir hasta tal punto las "armas legales" con las que dota a sus Fuerzas de Seguridad que las ate de pies y manos para actuar contra los delincuentes, que no tienen límites para actuar.
El reportaje incide en esta idea al mencionar la "doble moral" de los malos, pues actúan al margen de la ley pero luego la explotan para salir impunes de sus actos, que pueden incluir dejar a un Policía minusválido o muerto.
A dónde vamos a llegar cuando he visto vídeos en Internet de un delincuente amenazando a la Guardia Civil y corriendo detrás de ellos. Sí, detrás. Repito que se ha perdido el respeto y la autoridad que debe emanar de quienes se juegan la vida por nosotros.
El legislador debería resolver estas cuestiones, que son, entre otras muchas, las que de verdad preocupan al ciudadano, estableciendo criterios y cambios legislativos en este sentido; armas legales -como digo- para defender a nuestros defensores. La Fiscalía se debería implicar también en aportar una mayor seguridad a las fuerzas de "seguridad" adecuando sus criterios antes los Tribunales.
Se puede aducir que el concepto de proporcionalidad que actualmente se maneja trata de evitar abusos en el uso de la fuerza. De acuerdo, los abusos se pueden dar y hay que evitarlos, pero caso a caso. Lo que no puede hacerse es querer evitarlos generalizando, bajando hasta tal punto el listón del uso de la fuerza que se desproteja a los Policías y Guardias Civiles de tal modo que el abuso (doblemente) se produce desde el lado del criminal y de manera impune.
Este problema se conoce desde hace mucho tiempo, pero como otros relativos a la seguridad ciudadana, los políticos parecen no darle la importancia que tiene. Por fin un reportaje aborda la cuestión. Esperemos que no quede en una mera noticia.