miércoles, 7 de noviembre de 2012

Ineficiencia por exceso, o de cómo ser demasiado legalista cuando no viene al caso

Pónganse en situación. Estamos desgraciadamente habituados a que las Administraciones Públicas y en concreto las autoridades que las rigen, busquen los más intrincados vericuetos legales para realizar diversos contratos administrativos saltándose los procedimientos, y aún en ocasiones sin dar rodeos. Por ello la legislación de contratos se ha modificado durante los últimos años tantas veces y es –en parte- bastante restrictiva.

Pues bien, lo que vengo a contarles hoy podríamos definirlo como la antítesis de a lo que estamos acostumbrados, y es que en lugar de forzar o saltarse la norma para lograr un resultado más rápido o a gusto del consumidor algunos se pasan de legalistas y dan una vuelta de tuerca a los requisitos que impone la ley para contratar, complicando el procedimiento más de lo necesario cuando ya lo es de por sí.

Como sabemos, toda ley tiene sus excepciones y la Ley de contratos del sector público, a pesar de ser tan rígida, también debe dejar algo de respiro para no paralizar el funcionamiento habitual de la Administración y que pueda, por ejemplo, contratar suministros o material de consumo habitual (material de oficina, consumibles…) entre otros, de una manera relativamente rápida; para lo cual se prevén los contratos menores, que hasta 18.000 euros permiten realizar la compra de este material directamente sin muchos trámites (básicamente aprobación del gasto e incorporación de la factura, sin publicidad, sin solicitar presupuestos, etc.).

Pues bien, un determinado Departamento de una Administración estuvo más de una semana sin toner para una impresora (y por tanto sin poder usarla) porque para todo tipo de suministro se ha exigido que se soliciten al menos tres ofertas para comprar la más económica. No critico que se quiera buscar el material más barato (dentro de similar calidad) o que se pretendan evitar las normales críticas de algunos proveedores si se compra directamente a otros, pero estrujar el procedimiento, haciéndolo más proceloso de lo estrictamente necesario y provocando con ello no poder utilizar material necesario en el día a día durante tanto tiempo  no tiene mucho sentido. Sobre todo si se hace esto cada vez que se requiera una caja de tóner, o una de bolígrafos, cantidades tan ridículas que hacen ineficiente el sistema.

Sería más eficiente si se realizara una compra conjunta de material, de una vez, aunque supusiera un desembolso absoluto mayor, pero que seguro saldría más económico por cantidad, y en un solo pedido (aunque sea mediante ese procedimiento) disponer de material de reserva para evitar estos problemas, o en caso de necesidad inaplazable directamente mediante un contrato menor, sobre todo para precios como los de los suministros a los que nos referimos.

La Administración debe tratar de buscar la eficacia y la eficiencia, siendo además lo más justa posible, pero a veces (pocas como en este caso) se malinterpretan tales conceptos en el sentido de retrasar su normal funcionamiento cuando no es necesario (bastante trabas administrativas tenemos ya, ¿verdad?).
Además, hay que tener cuidado también con las adquisiciones buscando solamente lo más económico,  pues pueden salir caras al olvidar otros factores como la relación calidad-precio, lo que se resolvería bien solicitando oferta para un concreto modelo de producto o para modelos similares que se sepa o se pueda comprobar que son similares.

En definitiva, hay que saber equilibrar la loable equidad al pedir varios presupuestos con la necesidad de mantener los servicios en funcionamiento, y tener la previsión suficiente para disponer del necesario material de uso habitual y que no ocurran situaciones como la mencionada.


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