miércoles, 18 de enero de 2017

El talento rebelde en la Administración: seamos curiosos.

    Leía un estudio publicado por Francesca Gino en la revista Harvard Business Review sobre el "talento rebelde" y la idea de permitir a los empleados más libertad, y de alguna manera "rebelarse" para lograr la mejora de las organizaciones. En dicho trabajo subyace un concepto desconocido para la mayoría pero esencial para que el talento pueda desarrollarse de manera óptima: la curiosidad, y que se explica en el artículo de Gino titulado "El rasgo más importante del talento rebelde: la curiosidad" (The most important trait for rebel talent: curiosity), publicado en la citada revista el 25 de octubre de 2016.

   
Tanto el EBEP en materia de personal, como la innovación generalizada que demandan nuestras Administraciones Públicas reclaman talento, poner a los empleados públicos en cabeza de los cambios que se necesitan si queremos de veras que aquellas se acerquen al ciudadano, sean eficaces y eficientes, y rompan muchos anticuados moldes aún existentes.
    Por fin el Estatuto del Empleado Público ha reconocido la necesidad de contar con el factor humano, yendo más allá de ese simple "reconocimiento", pues ha puesto a disposición de las Administraciones mecanismos para evaluarlo y conectarle unas consecuencias a través de incentivos.

    Todo esto está muy bien pero el talento no aparece de la noche a la mañana, hay que saber encontrarlo, fomentarlo y dejarlo fluir hacia la solución de problemas, la mejora de procesos, etc. Ese talento es fruto de un elemento desconocido para nuestras Administraciones y los gestores de recursos humanos, y que ni siquiera se potencia: la curiosidad. ¿Quién ha oído decir que a los empleados públicos (y casi diría que a los privados) se les permita ser curiosos, experimentar, romper moldes? Muy pocas veces. Solo las organizaciones más punteras en materia de gestión de personas se han aventurado a empoderar al empleado y dejarle desarrollar su imaginación y curiosidad.

    Si en la Administración tradicionalmente no se ha tenido en cuenta el talento y se ha asentado la idea de que trabajar es cumplir la jornada, las normas, cobrar a final de mes y que no se cuente con el empleado, muy difícil será considerar ahora ese nuevo concepto, rompedor y que tan poco tiene que ver con algo ancestral y formalizado como el servicio público llamado curiosidad.

    Francesca Gino destaca que las organizaciones se basan, a la hora de captar a los empleados, en las competencias, la orientación a resultados o el liderazgo, pero pocas  veces prestan atención a esa capacidad interna de las personas de hacerse preguntas y buscar respuesta allá donde la mayoría no lo hace. Por eso considera que si se tiene en cuenta el talento debe considerarse la necesidad de permitir a los empleados ser curiosos, incluso quebrar el status quo

    Adaptado a la Administración, estoy de acuerdo con ella por la simple razón de que si se quiere avanzar no se puede hacer con los mismos modelos de actuación de hace décadas. En toda organización debe primar la flexibilidad para adaptarse al cambio y aquí es donde la curiosidad, la capacidad para preguntarse cómo se pueden mejorar las cosas, qué se puede hacer para optimizar procesos, etc, juega un papel esencial. Bien es cierto que la Administración tiene unas normas y debe cumplir unos fines y procesos que garanticen los derechos de los ciudadanos, pero también es cierto que debe aprender a adaptarse a los cambios que la sociedad está sufriendo y que dentro del cumplimiento de las normas hay margen suficiente para que la curiosidad y el talento puedan actuar. 
Aquí podríamos entrar en el viejo tema de la vinculación positiva o negativa de la Administración a la ley y la discrecionalidad pero podemos dejarlo para otra entrada.

    En fin, el éxito de la transformación de la misma yace en dejar fluir ambos conceptos, talento y curiosidad, pues no puede entenderse aquel sin esta, hacia el objetivo de conseguir una Administración adaptativa, moderna y que no deje de preguntarse por la forma de avanzar y estar en vanguardia. Conocemos muy bien la misión que como empleados públicos tenemos: servir al ciudadano. Es hora de ser curiosos y preguntarnos cómo podemos lograrlo de manera más óptima. ¿No le pica la curiosidad?

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